miércoles, 14 de mayo de 2008

REFLEXIÓN

Hay una época de nuestra vida en la que somos inmortales y geniales: la niñez. Con una frase somos capaces de cambiar el curso de un río. Y ni cuenta nos damos. Tal vez por eso me he dedicado a coleccionar frases pronunciadas por los "locos bajitos". En alguna ocasión compartí con los lectores historias contadas por su orgulloso entorno familiar. En el mes del niño voy con una segunda tanda:

Laura (6 años), pensativa, le dice a su mamá: "¿Sabes que me gustaría conocer a Dios?". "¿Y qué le dirías?". "Nada, mami. Sólo quiero saber qué tan grande es".

En un centro comercial, la madre se afana por llevar de la mano a su hija Claudia (4 años). La niña reclama: "Déjame andar sola para no perderme".

Nos encontrábamos comiendo en familia. Entonces pregunta María (13 años): "Oye, mami: ¿Por cuánto tiempo nos tenemos que querer Luisa (su hermana) y yo para ganarnos el CD?"

La mamá de Tomás (3 años) está esperando bebé. Tomás le da luego la noticia por teléfono a su abuelita, con este agregado: "Pero tenemos un problema: es una niña".

Cuando ve que su abuela y su madre se van de compras, Martín (5 años) le comenta a su abuelo: "Mi abuela y mi mamá se van a comprar cosas innecesarias que necesitan".

Paula (8 años) juega encima de la cama del abuelo que le llama la atención. La reacción no tarda: "Abuelo, déjame vivir que se me acaba la infancia".

Un día salimos a comprarle a Ana Sofía los primeros brasieres "principiantes". Cuando su hermanito Juan Pablo los vio casi se traga la lengua del susto. Entonces les pregunta a sus padres: "¿Y es que a Ana ya le van a poner las siliconas?"

En las exequias de su abuela Marjorie, una señora le da el pésame a su nieta Morgan (8 años): "Siento mucho la muerte de tu abuelita". Ella le responde: "Muchas gracias, pero ella está muy bien, descansando". Después, Morgan les pregunta a sus padres si Scrapy, el perro de la familia que murió, estará con la abuela.

David (6 años) amaneció "bravo" con Dios un día de invierno. Le pidió que saliera el sol para poder ir a jugar al parque. No cesa de diluviar. "Mami, Dios no me para bolas", se queja David.

La tía le dice a Andrés (5 años) que de cumpleaños le enviará un regalo por avión. El niño pregunta: "¿Entonces el avión viene, saca una cuerdita cuando pasa por mi casa y me manda el regalo colgado de un ganchito?"

Como mi hijo empezó a jugar con un balón dentro de la sala, le dije: "Luis Jaime, no juegues que todo lo que hay aquí es antiguo y se lo quiebras a la abuelita". Como buen muchacho siguió y al rato vino y me dijo: "Mamá, vámonos que quebré la antigüedad más antigua de esta casa". Al ir a ver cuál era esa antigüedad me encontré con que era la fotografía de mi mamá cuando tenía 15 años.

A los 8 años, mi hijo Hernán escribió un poema dedicado a Chaplin: "Bastón y bigote y un andar tan divertido ¿qué será de nosotros ahora que estás enfermo Chaplin?"

Contado por un abuelo: "Por qué, otro ¿por qué?, los editores no le han pedido a García Márquez que escribiese unas cuartillas explicándoles a niños como sus nietos por qué, por ejemplo, cuando vamos paseando de frente al sol que se pone, no seguimos caminando con nosotros. A mí me hizo esa pregunta una vez mi nieto Paul Louis ("Abuelo, ¿por qué no seguimos caminando con nosotros?"), y debo confesar que lo inesperadamente metafísico de la misma me dejó mudo. Pero mi propio nieto despejó el misterio al advertir mi perplejidad: se limitó a señalar el suelo donde ya no nos precedían nuestras sombras".

"Mami, ya estoy aprendiendo a quedarme solo: por ejemplo, cuando estoy dormido". (Juan, 5 años).

A Simón (7 años) le pidieron en su clase de religión dibujar a Dios. Después de gastarse la hora completa, entregó finalmente su interpretación: la hoja en blanco. Le explicó a la profesora que como en casa le habían enseñado que Dios está en todas partes, también estaba en esa hoja en blanco?